sábado, 27 de enero de 2007

EL ESTATUS

Llevas tu afición discretamente, pero sabes que hay gente que a tus espaldas sonríe y hace comentarios. Te gustaría que te comprendieran pero hace ya tiempo que lo has dado por perdido. Tú sigues comprando buena parte de las novedades y te mantienes al día gracias a internet o a las conversaciones que tienes con otros como tú en la librería que frecuentas. Sólo que te gustaría no sentirte extraño. Es la dura vida del aficionado a la poesía... Y a la ciencia-ficción, la maquetería, el rol,... o los tebeos. No estamos solos.

Mis habituales Atarieterno y Griffin comentaban lo mal mirados que nos tiene la sociedad a los comiqueros, empezando por los medios de comunicación, aunque ya se sabe que en España, salvo honrosas excepciones, "periodista" e "inculto" son sinónimos.

Y es que ya desde el bautismo este medio ha tenido problemas. Nadie le inventó un palabro grecolatino (cinematógrafo, televisión,...) de fácil contracción, ni tiene un medio físico propio (película, film, video,...) del que tomar el nombre. Ya sea en inglés (comic strips, comic books,...), en español (tebeo, -proveniente de una revista infantil,- historieta,...) o incluso en japonés (manga significa "dibujos caprichosos" o "garabatos"), el nombrecito no acaba de convencer. Y, sin ser peyorativas, la bande dessinée francesa o la banda desenhada portuguesa son demasiado restrictivas ya que sólo se refieren a las tiras dibujadas. Más gracia hace el fumetti que proviene del nombre de los bocadillos de texto en italiano, pero tampoco...

Obviamente, la cuestión del nombre es sólo un síntoma. En el mundo occidental y hasta los años 70, la historieta era un medio de contenidos predominantemente infantiles y todos los niños leían tebeos. El paso a la madurez lo daban echarse a fumar, ir a la mili y dejar de leer tebeos. Hoy en día fumar está cada vez más difícil, la mili no existe y el comic es algo minoritario a lo que pocos niños prestan atención. Sin embargo se sigue identificando "comic" con "infantil". Aunque hasta eso se está arreglando.

Álvaro Pons, en su La Cárcel de Papel, lleva una sección cuya idea me hubiera gustado tenerla a mí. Se llama Síntomas y expone ejemplos de aceptación social y mediática de los comics en los que ve indicios de "normalización", palabra que implica que esta afición no se ve, todavía, como algo demasiado normal. Y, sí, parece que vamos mejorando, ya sea por la "salida del armario" de famosos y políticos que se confiesan aficionados o por la invasión de películas y series de calidad basadas en tebeos. Y si queremos seguir por ese camino somos los aficionados los que más tenemos que poner de nuestra parte. Porque, sí, tíos raros hay muchos en este mundo, como en cualquier mundo, pero la mayoría son (somos, digo yo) gente normal con su familia, su trabajo y sus hipotecas.

Si en mi veintena a mucha gente le extrañaba que siguiera leyendo tebeos, a partir de los treinta las personas a las que he ido conociendo han acogido este hecho con curiosidad e incluso interés. Dibujar monigotes hasta me ha servido para ligar. Y una compañera del colegio me regaló el otro día la agenda FNAC dedicada este año a dibujantes de comic. Es tan sencillo como tratar el tema con la misma naturalidad que otra afición. Sin avergonzarse, pero sin avasallar como a veces hacemos cuando vemos un resquicio de interés. Hay que perder la vergüenza, en el buen sentido de la expresión.

Y podríamos empezar por los propios autores. En la solapa de Los hijos de Anansi, Neil Gaiman aparece como "escritor de ciencia ficción y fantasía y guionista. Es conocido especialmente por la exitosa serie de novela gráfica The Sandman". Serie de novela gráfica que era serie de tebeos. Pero lo de novela viste más. ¿Veis? Necesitamos un nombre.

¿Cómo lleva tu mujer tu colección de diez mil comics? ¿En la oficina eres conocido como el "tonto de los tebeos"? ¿Compras el Playboy para esconder dentro los comics?

6 comentarios:

Atarieterno dijo...

Desconocemos si el remedio puede ser peor que la enfermedad.
Igual si "normalizamos" la cultura del tebeo o adquiere la condición de "mass media", nos inundan con páginas extra al estilo "Corazón del verano" o "Aquí hay tomates", o mucho peor: "¡¡Vote a Fulanito!!, le robará lo justo y necesario". Por otra parte, se agradecerían las bibliotecas públicas especializadas, subvenciones y ayudas -"Plan Tebeo", por ejemplo-, y cualquier mejora que abaratara los precios.

Respecto al vocablo, me quedo con "tebeo", el cual prefiero al de "cómic" (aunque utilice ambos).

Sobre nuestra infravaloración, cabe añadir a nuestros anteriores comentarios lo siguiente:
Coincido contigo en la transición de edades y calificativos que puedan regalarnos la sociedad (hasta los 15 "normal", en los 20 "raro", en los 30 "curioso", en los 40 -cuando los cumpla te contaré-, etc).
Ante cualquier "agresión" verbal, siempre podemos argumentar el estímulo mental que implica la lectura de tebeos, una ejercitación creativa que desarrolla el intelecto (¿alguien se ha dado cuenta de la utilización cada vez más frecuente del tebeo en los libros de texto? -sobre todo en la asignatura de Inglés-). Si queremos dar unas razones materialistas, resulta claro que nuestra afición en la compra de tebeos también es una inversión, pues el importe no se pierde como si del tiro al plato se tratara, nuestras colecciones se conservan en nuestras casas, pudiendo recuperar como mínimo lo que nos costó si decidiesemos venderlas.

De todas formas, ¿qué coño tenemos nosotros que justificar a nadie?... si no les gustan los tebeos, pues ellos se lo pierden.
Lo que nunca permitiría es eso de "mira, el tonto de los tebeos": si me lo dicen que sea a mis espaldas (¿por qué nadie dice "mira, el tonto del tabaco"?).

Mi mujer lleva muy mal el templo al tebeo que es mi casa, pese a los razonamientos anteriormente citados y otros que les doy, pero sin embargo me dice: "Ojalá nuestros hijos se aficionen a la lectura como tú", conocedora de los beneficios que esto implica.

Machuca, siempre he tenido la curiosidad de ver nuestro autoanálisis como compradores o lectores de tebeos, y después de leer comentarios tuyos y de Griffin creo que va en aumento. Se ha escrito mucho sobre todos los demás (autores, editores, etc), pero: ¿qué tal una confesión para este mundo de bits?. Si crees conveniente incluirla como una entrada, pues estupendo, de lo contrario las huestes de Hoggoth te perseguirán hasta el fin de tus días y te maldeciré obligándote a ver todas las "Operaciones triunfo" y "Grandes Hermanos" hasta la fecha.
Un saludo.

Pitah Griffin dijo...

Que el tebeo se vea más o menos "normalizado" o "asimilado" como el lenguaje y el medio cultural que es no viene dado por ningún dedo mágico o una sociedad que de buenas a primera se vea más receptiva a nuestras aficiones. Viene dado porque ahora, los trintitantos somos la base de poder económico del país, el estrato que trabaja y paga impuestos y tiene dinero que gastar en ocio, como europeos que somos.
Los empresarios avispados atraen a ese segmento de población con llamadas (nada mas ver el exito del lenguaje del tebeo en la publicidad), ya sea en móviles, en exposiciones apadrinadas por Caja San Calamar... cosas así. Los políticos, por ende, lo mismo. Otro "síntoma" es el revival que todo lo setentoso y ochentoso, en cuanto a nuestra afición, hay por todas partes. Desde los Mazinger que salían en el Tomate a las colecciones de vídeos de la abeja Maya.
Por otro lado, el aficionado espinilloso y con problemas de interacción social que todos hemos conocido, ahora se dispersa en varias aficiones (rol, videojuegos, el señor de los starwarstrek), y ofrece una imagen confusa y poco definida como para categorizarla en "es el tonto de los tebeos". Es el friki de moda, pero ésta es una generación posterior, y aún anda entrando en el mercado laboral.
Como el lenguaje del tebeo está de moda -adaptaciones al cine, etc-, ya cada vez menos se ve que señalen a uno como "el de los tebeos". Ahora es una afición tan justificada como el coleccionar sellos o atormentar lombrices en días de pesca.
Y como dice atarieterno, ayudas palpables del estado a los creadores autóctonos consolidaría esto como un arte. O como una tomadura de pelo repartida entre unos cuantos, tal que nuestros millonarios amigos del cine. Ya han aparecido camarillas repartiéndose a tortas las subvenciones desde aquello del congreso, que sigue sin concretarse en apuestas palpables.

José Enrique Machuca dijo...

Mi gran amigo Gaby López, que sabe un rato largo de videojuegos, me dijo que no se ponía a hacer un blog sobre el tema porque al final acabas hablando de tí mismo. Y tenía razón, porque todo lo que uno escribe lo escribe desde la experiencia propia. Y va Atarieterno y me desafía a usar una entrada como un "Testimonios", no sé si en plan Conferencia Episcopal o en plan Hora Chanante. O un "Yo, lector de comic", entre penumbras y con voz distorsionada: "Empecé a consumir con cuatro años. La culpa fue de mi padre, que me los compraba para que dejara de dar la lata..." No sé, no me acaba de convencer. Si el señor Atarieterno quisiera concretar más su propuesta...

Y a lo de "ayudas del Estado a los creadores", ¡YO DIGO NO! Primero, porque ya vemos el caso del cine, no sirven para nada sino para llenar bolsillos de caraduras, como dice Griffin. Y segundo porque MI dinero lo gasto en los tebeos que YO quiero, no en los que decide un funcionario ministerial. MI dinero, para hospitales, carreteras y pensiones de jubilación. Y tú, autor de comic autóctono no puedes comer de tu trabajo, a trabajar en diseño gráfico, en la obra o donde sea.

Atarieterno dijo...

Jajajajaja, Machuca, de tus opciones me quedo con la de "Yo, lector de cómic".
Hombre, intentaré concretar más mi propuesta:
Dado que ya tenemos arreglado medio mundo (¡semos los más mejores!), pues una vez criticado el autor, el editor, el librero y el conferenciante, siguiendo una secuencia más o menos lógica nos toca a nosotros, los compradores (que como bien sabes, no siempre es igual a "los lectores"). Lo que yo propongo es un pequeño análisis (como siempre, según nuestras propias experiencias -¿acaso hay otra forma?-) del lector de cómic, y creo que es un tema que puede dar mucho de sí (ser lector o coleccionista, ambas cosas, el coleccionista que "revende" a otros coleccionistas, ¿la mezquindad -citada en este blog-?, ¿haces horas extras para costearte la afición?, ¿prestas tus tebeos?, ¿qué hacemos con ese "amigo" que no devuelve los cómics prestados?, ¿te han apretado alguna vez los pantalones leyendo cómics de Vampirella?, ¿ganará el Betis la liga?...
En fin, como simplemente era una propuesta (pese a mis serias amenazas), si consideras que no es de interés, pues tampoco pasa nada (total, seguro que todos somos unos angelitos que rozamos la perfección).
Bye.

José Enrique Machuca dijo...

Hablar de "el" librero, "el" conferenciante, "el" editor, "los" premios... escapa de mis intenciones en este blog. Voy a ir caso por caso, comentando cosas que, en positivo o en negativo, me llamen la atención (de "un" editor, de "una" concepción social...), y a partir de ahí generalizar cuando se tercie. La inducción al poder.

De ahí mis reticencias, en principio, sobre un tema tan amplio como el que propones, Atarieterno, que no sé por donde empezar. Tan interesante como extenso, ya que cada comprador es de su padre y de su madre.

A ver, un servidor: compra en kiosco tres veces en semana y en librería (a 50 km de mi casa) una o dos veces al mes, una media de 40 tebeos al mes, americano sobre todo (Marvel, DC, Image, Hernández Bros, Kyle Baker,...) , con algo de manga (Dragon Ball, Naoki urasawa,...) y europeo (Lapinot). No miro precios porque me prometí hace veinte años que cuando tuviera pelas para ello me compraría todo lo que me gustara. Y lo hago. También compro libros teóricos, y, de revistas, sólo el Wizard. Llevo control de en qué fechas llegan qué cosas y soy amable, o eso pienso, con los libreros que frecuento y con mi quiosquero. Presto a amigos/as sin ningún tipo de reparos, incluso a aquellos que tienen hijos pequeños porque sé que no se los van a dejar para que practiquen con los plastidecores. Ese soy yo ahora. Con 15 años menos seguro que era más coñazo y mezquino,cosas de la edad, aunque siempre he prestado mis tebeos. Tampoco tenía un chavo, la verdad. Aún así, mezquino, coñazo y todo, mi librero de Granada (Nico de Flash) siempre se acuerda de invitarme a las fiestas de aniversario de su librería aunque ya no soy cliente habitual.

Apasionante, ¿eh? XD. Eso sí, seguro que hay por ahí compardores indeseables. Cuando pille uno, le hago una entrada en el blog. Vaya que sí...

Abrazos angelicales y sin retintines.

Atarieterno dijo...

Soy un romántico insufrible.
Pues mira, con poco me conformo, será que valoro mucho el factor humano y por ello me ha gustado tu breve biografía. Mi procedimiento es simple: escucho, proceso la información y procuro incluir en mi disco duro orgánico aquello que considero positivo, o digno de ser considerado. Coincido en la mayoría de tus facetas tebeísticas (aunque creo que mi voracidad es mayor -lo cual no es ningún logro- y por supuesto: a excepción de mi padre, no presto mis tebeos a nadie -mis motivos tengo-).
Bueno, sacabó (también sin retintines).