Hay maneras y maneras de interferir, y hay editores con muy buena fama y otros bastante intrusivos. También hay autores bastante reacios a los cambios en su trabajo, y ahí empiezan los conflictos, algunos de los cuales suelen ser bastante sonados, llegando hasta a la dimisión del autor de turno.
El editor, al fin y al cabo debe defender el patrimonio de la editorial, que son los personajes, y los autores son efímeros. Y quejosos en muchas ocasiones. Recuerdo aquellos artículos que aparecían en la segunda de Los 4 Fantásticos de Carlos Pacheco y Rafa Marín. Los firmaba Sebastián Santos (el propio Marín, me cuentan) y consistían en una recopilación del montón de ideas que los editores de la serie les habían vetado. Para bien, en algunas ocasiones, me parece a mí. Sea como sea, te leías los tebeos pensando en aquellas historias maravillosas que te habían hurtado. Un poco corta-rollos, la verdad.
Es cierto que el editor detenta mucho poder, y que a veces lo utiliza para conducir el comic en la dirección que él piensa que lo hará mejor y, sobre todo, más vendido, vetando las propuestas de los guionistas si es necesario. Paradoja: contratas a un autor para que te escriba un tebeo pero luego no le dejas que lo escriba como él querría.
Uno de los mejores ejemplos de esta situación fueron los años 90 de las series de mutantes en las que los editores, Bob Harras principalmente, creaban grandes crossovers entre las distintas series que obligaban a los guionistas a interrumpir sus líneas argumentales y a meterse con calzador en el dichoso crossover. Estos editores recuerdan mucho a los productores de Hollywood.
El productor es aquel que tiene/consigue el dinero y el productor ejecutivo es el que decide cómo y en qué gastar el dinero para que la película salga lo mejor posible. Como quien paga, manda, estos productores se ven con el derecho de cambiar el guión a su antojo, aún sin tener ni idea de escritura. Probablemente hayáis visto este hilarante video en el que Kevin Smith cuenta su experiencia con Jon Peters, el productor de los Batman de Tim Burton y del Superman de Bryan Singer. Es muy ilustrativo y te partes el ojete.
Todos estamos de acuerdo en que el nivel de calidad de las series de televisión americanas es mucho mayor que el de las películas. Las series se escriben en equipo, aunque cada guionista realiza el guión final de varios de los capítulos, ejerciendo el resto de productores ejecutivos. Es decir, son los propios guionistas los que “editan” la serie y por lo tanto no hay cambios significativos en los guiones que ha decidido en equipo. Y por eso hay tantas series de calidad.
Las grandes editoriales americanas están usando un sistema muy parecido. En el manifiesto que Tom Breevort escribió sobre Spiderman (Asombroso Spiderman nº 0) proponía exactamente el mismo sistema de trabajo y, de hecho, el equipo de guionistas cuenta con tres guionistas de televisión. Lo cual no significa que sepan escribir tebeos.
Aunque parezca que Joe Quesada y Dan Didio también están imponiendo las grandes líneas argumentales, lo hacen contando con los guionistas, a los que reúnen periódicamente para discutir el futuro de los personajes. A veces, como en el caso de Un Día Más, el editor se impone sobre el criterio del equipo. Otras veces, como en el caso de Cuenta Atrás, lo que se decide se cambia sobre la marcha sin demasiado criterio ni fin.
Porque, claro, ni Quesada ni, sobre todo Didio son como J. J. Abrams, Josh Whedon o un Tim Kring que saben coordinar y rodearse de buenos guionistas. Aunque, por otra parte, Abrams, Whedon y compañía suelen ocuparse de una o dos series a la vez y no de decenas de colecciones.
Creo que las editoriales están aún por dar el método de trabajo colectivo que les permita crear unas líneas argumentales coherentes y de calidad. Quizás sería interesante la figura de un story editor que sólo se ocupara de coordinar a los guionistas. O mejor no, que seguro que se lo encargan a Jeph Loeb.
Arañas gigantes,... Jojojo.








