“Qué fuerte”, pensé entre risas mentales cuando vi la portada de el último El Jueves, obra de Manel Fontdevilla y Gullermo. Tan fuerte, que ha motivado un secuestro judicial por parte del juez Del Olmo a instancias del Fiscal General del Estado. Y ya la tenemos liada. Unos a favor, otros en contra... Los foros de internet ya se han puesto a echar humo o bits o lo que puñetas echen, sobre este “ataque a la libertad de expresión”.
Como suele pasar, las opiniones no dependen del contenido del dibujo en sí, sino de las posiciones ideológicas previas de aquellos que opinan. Por ejemplo, Alvaro Pons ya ha puesto el grito en el cielo y ha acabado con un “Viva la República”. No creo que se haya vuelto republicano de repente por este ataque a El Jueves. Ni tampoco los que ya han opinado en ese sentido, como CCOO, Izquierda Unida o Ezquerra Republicana de Catalunya. Monárquicos de toda la vida, vamos. Los mismos, por cierto, que no tienen en cuenta dicha libertad de expresión cuando atenta contra la dignidad de la mujer o se mofa de los malos tratos, como ha pasado con algunos anuncios publicitarios. Y tienen mi apoyo en esos temas, ojo. Lo que yo digo, y a lo mejor peco de posmoderno, es que no entiendo por qué unos temas son intocables y otros no. Y seguro que no sabrían explicármelo convincentemente.
En contra de este dibujo, por cierto, ha opinado una, desconocida para mí, Federación de humoristas gráficos (FECO), cuya orientación, si la tiene, desconozco. Por internet no me sale nada. ¿Alguien sabe algo?
La libertad de expresión es fundamental, y hay que protegerla a toda costa, pero no equivale a libertad de insulto. Y entiendo perfectamente que haya gente que vea insultante un dibujo en el que aparecen los Príncipes de Asturias copulando en plan perrito mientras el Príncipe reconoce que conseguir los 2500 € que dan ahora por neonato sería el primer dinero que consigue trabajando. El propio Pons, en su sección de comentarios, propone la siguiente norma de conducta que, por cierto, apoyo y practico: “Las únicas normas que se deben seguir en este foro son las de la educación, tolerancia y respeto hacia la opinión de los demás. Cualquier comentario ofensivo o insultante, o en el que se calumnie o injurie a terceros, firmado con pseudónimo o de forma anónima será borrado. Si alguien considera que un comentario es ofensivo, por favor, que me lo diga y consideraré su borrado.” Pues bien, alguien ha considerado que la portada es ofensiva, insultante, calumniosa e injuriosa y el juez ha considerado su secuestro. Así está la ley ahora mismo.
No me meto en que la ley esté bien o no, que probablemente sea mejorable, o que haya o no razones objetivas, pero si yo fuera el Príncipe de Asturias me sentiría injuriado. También pienso que el problema de este país no es si somos Monarquía o República. Que me da lo mismo, vamos. Lo que sí me repatea es el uso de la provocación como reclamo de venta.
Ahora mismo la web de El Jueves está saturada, si no es que se ha caído directamente. En la página donde aparecía la portada en cuestión había una página de Albert Monteys con chistes, buenos chistes, sobre el mismo tema de los 2500 €. Cualquiera de esos chistes hubiese hecho una buena portada, con tanta o más gracia e inteligencia que la aparecida, pero los responsables de la revista, con el propio Monteys como director a la cabeza, decidieron que fuera un dibujo más impactante y provocativo. No para defender la libertad de expresión, sino para vender más.
Colateralmente, ¿cuánto vale la publicidad que está recibiendo El Jueves con todo este sarao? Como ya hemos comentado hace una temporada, este tipo de acciones de protesta lo único que consigue es el efecto contrario. Vamos a tener portada hasta en la sopa, y no creo que los aludidos sean muy felices por ello.
Mi deseo es que todo esto quede en nada y que los autores no se busquen ningún lío. Tampoco estaría mal que los medios de comunicación y sus consumidores no orbitasen siempre alrededor de lo provocativo. Pero mucho estoy pidiendo yo...







Pero sigue:“A Salva le gusta meter personajes reales en sus historias, y ésta no es ni la 
