martes, 6 de febrero de 2007

GUSTO POR EL DISGUSTO

Hay varios autores que parecen que han hecho su marca de fábrica de la descripción minuciosa de lo desagradable. Y no me refiero al más rancio underground, productora de historias en las que tíos subidos en globos defecaban en la gente. Siempre hay quien a este tipo de cosas le sacan un significado profundo. La sociedad, el poder, la angustia vital,... En realidad la cosa iba de mierda y sólo de mierda. Ganas de dar el cante.

Pero no, yo hablo de obras del llamado mainstream firmadas por tipos como Garth Ennis o Warren Ellis y dibujadas por Steve Dillon o Darick Robertson, que suelen colaborar todos con todos en historias en las que lo escatológico es el centro. Así, de memoria, recuerdo aquella mafiosa amputada de Punisher, al calvo de Preacher que acabó meando por un tubo de goma, gatos con tres ojos que daban grima orinando en esquinas en Transmetropolitan, enanos que vivían en alcantarillas y amputaban piernas para poner al personal a su altura otra vez en Punisher, el humor chocarrero de La Brigada de Fusileros, mutilaciones detalladas por doquier,...

Ese confundir la trasgresión con la guarrería no hace sino ocultar las evidentes virtudes de estos guionistas y dibujantes. Ennis tiene un don con los diálogos que le permiten escribir episodios enteros de gente hablando y sabe describir personajes como nadie. En Preacher lo bueno no es ese descendiente subnormal de Jesucristo o el tarado follagallinas aquel, sino la bonita historia de amor de Jesse y Tulip, la amistad entre Jesse y Cassidy o ese Santo de los Asesinos parando un tanque con el pie y acribillándolo con sus revólveres. Steve Dillon tiene mano con las expresiones y es de los mejores colocando a los personajes en las viñetas. Ellis tiene grandes ideas, más que ideas, conceptos, que suele rematar mal, cierto, y esperad al fin de Planetary, ugh, aunque su sentido de la estructura nadie la puede discutir. Robertson es buen diseñador de personajes, un narrador más que competente y tiene mucho sentido del humor... Mucho talento que se pierde en lo superfluo.

Se quejaba Moore de que los imitadores de Watchmen se concentraban en el tono oscuro y no en los evidentes hallazgos narrativos de su obra. El clan de Ennis y Ellis se mal imitan a sí mismos recurriendo siempre a ese tono de cacapeoculopis mal llamado adulto en vez de concentrarse en sus puntos fuertes.

Y el caso es que, de vez en cuando, les da por eso. El Fell de Ellis merece bastante la pena sin entrar en lo escatológico. Y el otro día leí la historia de Punisher llamada El Tigre, aparecida en el tomo homónimo con dibujos de John Severin, en la que la historia, sin ser excepcional, estaba bien contada, tenía sentimiento y no se refocilaba en lo mundano, y eso que la historia daba para eso. Si encima tienes a todo un clásico como Severin, que con su trazo tembloroso aún le da sopas con hondas a muchos “modelnos”, y contando con un color de Paul Mounts que imita las tramas manuales de manera primorosa, pues el resultado es más que apreciable.

Es decir, que cuando quieren, lo hacen, Aunque me imagino que esto será como la tele: cuanto peor, mejor y más vendes.

¿Está reñido el talento con el buen gusto? ¿Cuál es tu programa de telebasura favorito? ¿Cuál es tu tebeo de comicbasura favorito?

PD. Hablando de lo cual: hace unos días DC les ha cancelado a Ellis y Robertson, tras seis números, The Boys, una (otra) sátira superheróica llena de salpicaduras, mutilaciones y hámsters rectales. Ya les vale.

1 comentario:

Pedro J. dijo...

Lo cierto es que esa manía por ser lo más escatológico posible parece un recurso de los "ingleses de segunda hornada" que llegaron al mercado USA vía Vertigo. No hay más que repasar aquellos primeros tebeos del sello para descubrir momentos viscosos y repugnantillos de manos de, precisamente, Garth Ennis, o Jamie Delano, o John Ney Reiber. Por ejemplo, repasando Hellblazer, parece que John Constantine hubiera tenido vocación de carnicero y hubiera decidido hacerse mago para ver más casquería.

Evidentemente, el problema no es ese momento desagradable en sí. Bien utilizado, puede ser un recurso espléndido (acordémonos de esa magnífica saga llamada "American Gothic", con ese invunche o esa transformación en pájaro como nunca se ha visto) y cumplir con su función. El problema surge cuando no se tiene nada que contar, o se está perezoso pero hay que cobrar el cheque como sea, y se decide rellenar veintitantas páginas con momentos de supuesta provocación. Puestos a provocar, preferiría que me pusieran un beso lésbico, que es más interesante (y sí, ya sé que para eso no tengo más que irme a otras series Vertigo).

El mal gusto en sí no tiene porqué ser malo. Lo malo, como dice Enrique, es ser el Jeph Loeb de turno, diseñar muchos "momentos guays", pero ni saber qué se quiere contar, ni al menos enlazarlos con un mínimo de gusto o ingenio.