Realmente no tenía intención de contar nada de mi reciente viaje a Londres, porque poquito tiene que ver con la temática del blog, salvo, quizás, hablar de las librerías que he visitado o de cómo editan allí los tebeos, pero me he encontrado con la sorpresa de que Londres es una ciudad con un frikismo latente. O eso, o es que uno ha desarrollado un friki-radar. Pero no, esto no me ha pasado en ningún otro sitio.
Porque, claro, llegas a tu habitación y se parece a la de Los Roper. Obsérvense los variados papeles pintados y la moqueta. Más hort... británico, imposible. Además, el libro de la mesilla de noche es “Los hijos de Anansi”, que me llevé para los ratos aeroportuarios, y que resulta que está ambientada... en Londres. Y yo no lo sabía. El libro, por cierto, sorprendentemente gracioso para ser de Neil Gaiman, aunque con la misma temática de dioses-que-caminan-entre-los-hombres de casi siempre.
Y muy cerca, en County Hall, el antiguo ayuntamiento, te encuentras un montón de stormtroopers apuntándote. Y es que resulta que allí se celebraba la Star Wars Exhibition, una exposición de parafernalia de la Guerra que, aprovechando que el Támesis pasa por Londres, nos prometimos visitar.
Y resulta que todos los domingos las verjas de Hyde Park se transforman en una galería de arte. Entre los muchos cuadros, estas muestras de frikismo pictórico, incluyendo émulos del odioso Roy Lichtenstein.
Mild mannered supermen are held in kryptonite
Oh, superman, where are you now?
En youtube hay cienes y cienes de videos del concierto, en los que podéis ver las pantallas de alta definición más grandes del mundo, entre otras cosas.
Camino del British Museum te topabas con tiendas de juguetes con escaparates como éste:
Y el British, supuesto epítome de la cultura, es, en realidad, un foco de frikismo. Entre las cosas que los ingleses rapiñaron por todo el mundo tenemos este ejemplo de arte secuencial, unas metopas arrancadas del Partenón que muestran una pelea entre un centauro y un lapita. Sí, amigos, Fidias hacía tebeos de granito. El lapita, por cierto, no era muy espabilado, porque si pretendía darle una patada en los jenofontes al centauro, como que no es ahí.
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